Gerardo López, ¿el garbanzo de a libra que espera el tenis mexicano?

• Es hoy la segunda mejor raqueta nacional y ocupa la posición 757 en la ATP
• Ha jugado en tres series de Copa Davis: contra Chile, Guatemala y Perú
• “Mi papá me metió al tenis y no era bueno como juvenil… ¡yo quería futbol!”
(PARTE I)

POR MAURO FLORES
Después de su tintineado triunfo por 6-4, 7-6 (3), en la serie Copa Davis sobre la raqueta número uno de Perú, Juan Pablo Varillas, 411 en el ranking mundial de la Asociación de Tenistas Profesionales (ATP), el vallartense Gerardo López Villaseñor reafirmó su calidad conquistando el título del torneo future de Sayavedra lo que elevó al sitio 757 en las listas mundiales y hoy lo consolida como el segundo mejor tenista mexicano, sólo detrás del potosino Manuel Sánchez quien está en el lugar 693, pero por encima del jalisciense Luis Patiño (848) y los tijuanenses Lucas Gómez (852) y Tigre Hank (859).
Muchos nunca habían escuchado de Jerry López hasta la serie contra Chile en el 2015 y después contra Guatemala en el 2017… ¿Quién es este espigado jugador?, ¿de dónde salió?, se preguntaban. Sin embargo es un tenista de cepa, que desde los 12 años cambió el deporte de sus amores, el futbol, por la pasión que le brindo el tenis y sinceramente esperamos que sea el garbanzo de a libre que necesita el tenis mexicano.
“Nací en Puerto Vallarta donde me crié hasta los 15 años, jugué pocos nacionales, por ejemplo el de Monterrey y participe en la Kids Cup, pero la verdad no era buen jugador. Puedo decirte que Santiago Ceballos me ganaba 6-1, 6-1. No estaba ni cerca de competir contra Lucas Gómez, Ricky Medinilla o Rogelio Siller, todos junior y de los que hoy pocos siguen en el tour”.

¿Por qué te decidiste por el tenis, en tu familia hay antecedentes?
“Fue mi papá, Raúl López Peña, quien me metió al tenis. Tenía oportunidad de jugar futbol o tenis, en ambos me iba a ir bien y podía seguir una carrera profesional, pero mi papá me sacó del futbol cuando tenía 12 años. Me dijo quiero que juegues tenis. A él le encanta este deporte, siempre fue jugador “A”, en Vallarta ganaba esa categoría todo el tiempo, pero nunca jugó profesional”.
“En Puerto Vallarta hay un ambiente de tenis muy grande. A la gente le encanta y lo apoya, todo gracias a Martin Parra, gran promotor de tenis en Vallarta y en Jalisco, y en su momento llevó nacionales de primera fuerza, futuros y challengers. Qué bueno que ya regresó y acaba de hacer otro challenger de 75,000 dólares. Martín es mi tío padrino, es primo de mi mamá y siempre me apoyó, nunca pagué por jugar en ningún club porque él siempre me respaldó en ese sentido”.
“A los 14 años recibí la ayuda del cubano Sandor Martínez que vino a entrenar a Vallarta, durante seis meses estuve con él y creyó en mí. Me decía, sí puedes, tienes que hacer esto o aquello, pero tienes que jugar a nivel internacional. Yo estaba acostumbrado a entrenar con profesionales que no habían salido de México, pero Sandor fue un jugador Copa Davis, conocía a muchos, la verdad es que me dio ese empujoncito cuando apenas iba entrando a preparatoria”.

¿No fue doloroso dejar el futbol, era lo tuyo?
Chiva de corazón, Jerry López apunta: “El futbol era mi deporte favorito. Soy una persona muy sociable, me gusta estar con la gente y jugar en equipo. Meter goles era lo máximo. Era delantero y portero, ¡Imagínate como portero me ponían cobrar los tiros libres!… me encantaba el futbol y ya no lo juego porque una lesión me puede sacar del circuito de tenis”.
“Debo admitir, que al principio no quería, hacia berrinches en la cancha, jugaba con mala actitud. Rompía raquetas. Estaba enojado por la decisión de mi papá, pero cuando gané mi primer torneo me sentí muy bien, toda la atención era para Jerry, mientras que con el futbol era para el equipo. Me gusto esa sensación de ganar y ser campeón. Cuando gané mi primer torneo a los 13 años, recuerdo que fue un nacional Nivel 5 en Vallarta, me empezó a gustar y desde ahí comencé a subir de nivel y tomarle pasión”.
López Villaseñor agrega: “A los 15 años conseguí una beca, un patrocinio importante de un inversionista americano que me apostó. Era dueño de Prince en Estados Unidos y lo conocí en Vallarta, me ofreció esa oportunidad de irme a estudiar, a terminar mi preparatoria y mi universidad, siempre con la idea de tener el tenis en una mano y el estudio en la otra. Ese fue el trato, seguir en la escuela y terminar una carrera, si en la universidad decidía jugar como profesional, eso sería independiente, lo tenía que hacer con mis recursos”.

¿Tienes un carisma especial, desde niño conseguiste patrocinador, algo debió ver en ti?
“Ese señor me considera un miembro de su familia. A su hija le dice que soy su hermano. Ellos me han dado un apoyo económico muy grande, me dieron una guía, una cultura americana que es muy diferente a la mexicana, la verdad no obstante que me fue muy bien en tenis en colegial, siempre estuvo al tanto de que tuviera buen promedio escolar. Ahorita está pendiente de que renueve mi visa, de que en julio acabe la universidad, entonces ha sido un soporte más allá de lo económico, ha sido un soporte de la vida, porque es un señor muy inteligente que ha hecho fortuna en sus negocios, una persona a la que admiro mucho y que es inspirador”.

¿Prácticamente siendo un adolescente te fuiste a Estados Unidos… a la aventura?
“No fue nada difícil para mí. Me fui a Boston con la ilusión de ser tenista profesional, de viajar internacionalmente, de ser el uno de México y representar a mi país en todos lados. Me encanta viajar y jugar. Es un deporte muy difícil, pero cuando vas ganando todo es bonito, todo es soleado, todo es padre. Estoy rodeado de gente buena que busca buenos intereses en mí y eso fue lo que me sacó adelante, siempre tuve una familia, mi mama y mi papá que me apoyaron hasta el final y varias personas que me apoyan y buscan lo mejor de mí”.
“A los 15 años me fui a Boston con el colombiano Francisco Montoya, fui a que me ordenara porque tenía los golpes, pegaba de derecha, de revés, sacaba y voleaba bien, pero no sabía jugar, así que me internaron con Montoya y pude entrenar y ordenarme y a los 16 años empecé a jugar los ITF, creo que en seis meses me metí 300 del mundo juvenil, gané varios Grado 4 y Grado 5”.
“Después hice un cambio a Florida al Club Med con Gabriel Jaramillo e hice mi brinco más alto y tuve buenos partidos, me metí al 130 del mundo, con buenas victorias contra top 5 como Filippo Baldi, tuve un partidazo contra Zverev en el US Open y otras victorias con tops 50. Empecé a hacer ruido y conseguí buenas becas en universidades bien posicionadas en la división 1 de la NCAA.
“Me cambié de universidad, primero con Kentucky estuve año y medio y luego con la Texas Christian University (TCU), con David Roditi, que tenía mucho mejor estructura, más profesional. Tenían el sueño de tener a un grupo de jugadores con oportunidad de jugar como profesionales después de la universidad. Hablé con Roditi, me dio algo de beca, el sponsor me ayudó con otra parte y estuve dos años y medio ahí, todavía no me graduó, me falta una clase, espero terminarla en julio, pero prácticamente ya terminé como tenista colegial y en enero comencé como profesional de tiempo completo”. (Continuará)

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